El mercado secundario de órganos electrónicos en Venezuela, ¿una solución para la música clásico-litúrgica?

Cuando las condiciones económicas del país fueron más propicias, en los años 70 y 80, hubo un auge en la importación y ventas de órganos electrónicos, si bien estaban dirigidos al segmento de música popular. En ése entonces el órgano de uso doméstico fue objeto de gran receptividad, varias marcas de órgano reconocidas (Yamaha,  Wurlitzer, Thomas, Hammond, etc.) se disputaron el mercado y fueron muchísimos los hogares que lo incorporaron como un elemento de entretenimiento y de prestigio. Tres décadas después, esa huella permanece, a juzgar por un mercado remanente de órganos usados.

Nadie duda de que con tales órganos se puede hacer muy bella música. Pero en general no son aptos para una dedicación seria a la música clásico-litúrgica. El modelo típico de tales órganos es una consola tipo espineta con 2 teclados de 3 octavas y media y un pedalero de una octava (13 pedales). Esto los limita severamente para poder enfrentar adecuadamente una partitura clásica. Otro modelo más aceptable, pero difícil de encontrar y en extinción, es el que tiene 2 teclados de 5 octavas y un pedalero de 2 octavas (25 pedales), del tipo plano-radial. La mayoría de tales órganos son del tipo analógico, no digital, y trabajan con módulos de sonido sintetizado. Un técnico de órganos o en electrónica puede adaptarlos para que cada tecla, pedal y control envíe señales MIDI, y así convertirlos a órgano virtual.

Finalmente un aspecto no menos relevante es que el usuario actual de ésos órganos está afectado por la obsolescencia, la escasez de repuestos y la carencia de servicio técnico experto. Si se hallase un órgano, con 2 teclados completos de 5 octavas, en estado inservible e irreparable, podría aprovecharse la consola, desecharse toda la electrónica y los controles, conservar los teclados y el pedalero, y así reconstruirlo como un órgano virtual.